La creación: un mar de incertidumbres

Antes de empezar, para todos aquellos que no sepan cuál es mi proyecto, o que tengan una gran confusión sobre lo que hago (igual que yo cuando me preguntan sobre mi profesión), quiero contarles que María del Sol, música y libros para la familia, es un proyecto que busca generar lazos afectivos en la familia a través de la música y la literatura para niños. Las propuestas van dirigidas tanto a niños como a padres, a maestros y a todos los interesados en la promoción de lectura y el acercamiento a los diversos lenguajes artísticos. Su programación es variada y ofrece:

✭ Conciertos pedagógicos realizados por María del Sol y su grupo CantaClaro.

✭ Creación y producción de proyectos editoriales y discográficos.

✭ Talleres, charlas y asesorías sobre promoción de lectura en el hogar y en el aula.

✭ Investigaciones, recopilaciones y análisis de material retomado de la tradición oral, con el fin desarrollar propuestas que involucren la música y la narración oral.

✭ Capacitación de formadores y multiplicadores capaces de dar vida autónoma y creativa a proyectos educativos y culturales que giren entorno a la literatura y a la música infantil.

✭ Asesorías en compras y selección de material a bibliotecas, librerías, instituciones escolares, centros culturales y empresas privadas.

Ofrecemos, todo un mar de posibilidades, aunque hoy me centraré en contar un poco acerca de la escritura, la composición y las puestas en escena con CantaClaro.

Cuando me preguntan por mis procesos de creación, respondo, entre risas, con grandes interrogantes, más que con certezas. Creo, casi aseguro, que todos los creadores afirman que no hay una fórmula, un método, o un solo camino; por fortuna. Esto mismo es lo que produce una especie de fascinación y de adicción por este oficio del crear: su naturaleza libertaria, plural, maleable y de constante transformación; estrecho proceso que se supedita a nuestra propia metamorfosis y crecimiento interior.
A su vez, este mismo punto puede ser nuestro propio ‘talón de Aquiles’ pues, tener a nuestros pies un mundo entero por explorar, trasmutar, desentrañar o reinterpretar, sin límites o fronteras que nos pongan demarcaciones claras, solo deja que herramientas como la paciencia, la perseverancia y, ante todo, la disciplina, emerjan para salvarnos en medio de un mar de incertidumbres y de decisiones por tomar.

Pero, ¿por dónde empezar entonces?
Simple: una historia. Una historia que no me deje en paz ni de día, ni de noche; aunque, encontrar esta idea suela ser lo más complejo, por más sencilla que esta sea.

Un hilo conductor que haga de veces de melodía, como en una composición musical a la que deba encontrarle una armonía robusta, firme y consecuente. Introducción, nudo y desenlace, escrito de manera lineal, sin viajes de tiempo o retrospectivas. Paisajes, tiempos históricos o psicológicos, escenarios reales o fantásticos, que se construyan a través de imágenes, sonidos, colores, diseño gráfico, vestuario, luces y demás elementos que elija incorporar, que vayan más allá de las palabras y, a su vez, que las complementen. Protagonistas divertidos, con características peculiares, tomados de referentes cercanos, o hasta propios, cada uno con una historia por narrar a través de canciones. Algunas anotaciones, muy por encima, podrían ser:

Hago acá una pequeña pausa para tomar como referente a los libros álbum, donde las ilustraciones y los textos dependen los unos de los otros, trabajando como un solo equipo, para entregarle al lector una historia rica en capas simbólicas. De la misma manera, en mi caso particular, cada canción constituye el mundo singular de un personaje y a su vez, la suma de estos elementos, recrea el universo completo de la narración. Música, literatura y demás lenguajes expresivos, hacen un baile de ida y vuelta, para ir de la mano retroalimentándose los unos a los otros.

Construyo pues, paso a paso, una armonía para que le abra las puertas a esta historia con un sinfín de miradas, significados y lecturas a ese algo que tengo por contar, creando las ya mencionadas capas simbólicas que serán percibidas por los sentires y sentidos de cada lector, observador o escucha. Se trata de provocar viajes íntimos a través de la palabra, de la lectura y de la forma como, sutilmente, se logran entretejer las diversas artes en la primera infancia -aunque aclaro, también trabajo con jóvenes y adultos bajo los mismos principios-. Busco que al entrar al teatro los niños puedan decir: ‘Parece la carátula de mí libro’ o, ‘Ella tiene la misma voz que sale en mi disco’.

Diseño gráfico, paleta de colores, tipografías, escenografía, ilustración, mundo sonoro, número de páginas, vestuario, utilería, equipos de producción, comercialización, el color de las voces y la instrumentación… Los caminos por elegir son infinitos, así como lo es nuestra capacidad de creación y de transmisión. Lo esencial es nunca perder de vista el espíritu del hilo conductor, pues este será el que nos ofrezca las respuestas, una y otra vez.

 

María del Sol, música y libros para la familia

Pero, para este punto, se preguntarán ustedes si escribo libros, produzco discos o realizo puestas en escena en donde suelo ser la narradora y directora. A esto respondo: ninguna de las anteriores y todas las anteriores.
Mi objetivo principal es recrear todo aquello que he aprendido en campo, en medio de investigaciones y estudios, de estar cerca de los niños, de mirarlos fijamente a los ojos (como Max en Donde Viven los Monstruos, de Maurice Sendak), de sentir sus voces, miradas, gestos y piel, siempre pidiendo ser escuchados, acogidos y queridos.

También he podido navegar a través de las voces de maestros provenientes de la lingüística, de pedagogos, psicoanalistas y demás profesionales, que hablan sobre la adquisición del lenguaje en la primera infancia. Pero claro, es que, ante todo, soy pedagoga preescolar y amante fiel de la promoción de lectura. Nunca quise tener un grupo de música infantil como tal. Tampoco pensé en ser escritora o productora y, mucho menos, ser artista de mis propias obras o de otros. Sí quise ser editora, oficio que, aunque no es mi preferido, me da las herramientas básicas para trabajar en equipos multidisciplinarios y lograr resultados como la colección de libros co-editados con Penguin Random House, que lleva por nombre, María del Sol, música y libros para la familia.

Esto solo refleja lo que mis días de maestra de aula me enseñaron: para escribir un libro, hacer un disco o para lograr una puesta en escena, se debe atravesar el mismo camino que recorremos a diario en un salón, en donde no debe haber jerarquías entre adultos e infantes para lograr procesos armónicos, integrales y holistas. Día a día, como en las mejores historias, o como en las rutinas diarias de los más pequeños en la escuela y en su hogar, nos lleva de la mano una introducción, un nudo y un desenlace, y es ahí, donde vemos cómo las estructuras narrativas se comparten con el diario vivir.

Y, ¿qué es entonces María del Sol y CantaClaro?

En el año 1999, Hitayosara Ojeda, gran intérprete de música infantil e hija del maestro Jairo Ojeda, quiso retomar las canciones que cantaba de pequeña con su padre en Todos podemos cantar, nombre de la primera agrupación en la que participé. Mi hermano, que era el productor del proyecto, pensó que era una buena idea llamarme para contar historias entre las canciones. A mí me pareció una idea deshilvanada y aburrida. Fue entonces cuando pensé en mi abuela Sylvia Moscovitz, una de las primeras artistas en presentar programas de televisión para niños en Colombia, quien rescataba tradiciones regionales y acercaba a los niños a este repertorio, combinando música y literatura.

En medio de mi búsqueda para resolver aquel acertijo que me ponía mi hermano, descubrí que, al haber estado sumergida en este medio desde pequeña, la respuesta ya vivía en mí, solo tenía que desentrañar y ensayar algunas ideas.

Escuché una y otra vez los programas de mi abuela -porque los videos no existen- y comprendí que sus estructuras narrativas no eran más que el reflejo de aquellos cuentos mágicos provenientes de la tradición oral y cumplían con cada uno de los elementos de los que Propp habla en su Morfología del Cuento. ¡Qué gran descubrimiento! De esta manera, no solo me sumergí en las estructuras globales, hice varios viajes dentro del repertorio infantil tradicional y de autor universal, comprendiendo cómo las canciones también cumplen con estos mismos arquetipos y cómo la literatura, las rondas y juegos tradicionales para niños se van volviendo más complejas a medida que estos van creciendo.

Por otra parte, la investigadora Ana Pelegrín, me dio luces sobre las similitudes entre las estructuras narrativas y las musicales, con pistas sobre cómo la música es el primer paso para formar grandes lectores. Hoy en día, puedo entender la dimensión de lo que esto significa (o por lo menos una parte). Se trata de sugerir procesos enmarañados de sinapsis, además de incentivar un baile más, pero esta vez, entre los ires y venires de los hemisferios del cerebro.

Para este punto, ya palpaba a ciencia cierta cómo cada lenguaje se entretejía con el fin de contar una sola historia. Con los días empecé a atar cabos y poco a poco, y a mí manera, fui reconociendo cómo el oficio de ser maestra se acercaba tanto al de la creación. Comprendí entonces que las formas, escenarios y sentidos pueden variar, manteniendo la sustancia y el intríngulis básico.

Finalmente, logré completar unos guiones que reflejaran todas estas revelaciones. Adapté un escrito de mi propia madre y escritora, Irene Vasco, y luego, con el tiempo, escribí mis propios textos originales. Todo parecía funcionar, pero, a la vez, mis primeras creaciones eran enclenques y con el soplo de un viento inesperado, se derrumbaban. Qué ingenua fui al pensar que solo al estudiar e investigar podía llegar a hacer una producción sólida. Era joven y no sabía que solo la experiencia y el equivocarme me darían las respuestas que estaba buscando. Así, esta primera agrupación se deshizo, ahogado en un mar de preguntas sin respuestas.

Unos años después, María del Sol y CantaClaro nació con intérpretes que venían de mundos un poco extraños: maestros y publicistas no-músicos eran la base del grupo y lo fueron durante años. Esto me incluye a mí. No soy músico, ni cantante, aunque sean las herramientas primarias de mi trabajo. Tuve y aún tengo, detractores por montones sobre este enfoque abierto y plural, aunque, para mi placer personal, he visto cómo estas ideas rígidas sobre las artes y la educación se han ido transformando. Voy por el mundo cantando, contando y gritando a viva voz aquella idea tan bella que nos ha inculcado Jairo Ojeda, ‘Todos Podemos Cantar’.

Amigos, incluso cercanos y queridos -y no por ellos he dejado de quererlos-, me pidieron una y otra vez, que me bajara de las tarimas pues mi trabajo estaba lleno de inconsistencias y carencias. Y claro que tenían razón, pero, a pesar de que suelo ser obediente (no sé si en el mejor o en el peor de los sentidos), o que mi ego se veía seriamente afectado cada vez que terminaba un concierto, mi alma solo escuchaba mi irremediable necesidad de contar historias, sin importar si era a través de la palabra cantada, hablada o escrita. Era una sensación contradictoria: mientras unos me repetían ‘Eres una gran productora y maestra, pero, ¿por qué no te bajas de la tarima?’, los teatros se llenaban, una y otra vez, y niños y grandes, parecían estar cada vez más interesados en nuestras historias. Además, varias disqueras nos llamaron, eligiendo el camino de los libros porque, aunque la industria del disco me ofrecía jugosas propuestas y estabilidad, mi alma tenía otro cantar.

¿Por qué seguí de manera testaruda y obsesiva? Eso jamás lo sabré. ¿Tal vez por esa relación que se establece entre un artista y su público, que genera un cariño y una fidelidad que en pocas otras relaciones se encuentra? ¿Tal vez por esa necesidad de comprender que para contar se necesitan la suma de todas las artes y esto nos demuestra que somos un todo, idea alejada a la educación tradicional que nos fragmenta en saberes? ¿Tal vez por el afán de encontrar puentes entre las artes y la educación? O, tal vez, ¿por una inminente necesidad de querer ser escuchada, así como quiero escuchar a los demás?

El mes pasado, mi querida y por tantos años rechazada colección cumplió diez años de haber sido publicada, después de muchos, ‘Qué linda idea, pero, no gracias’; otro ‘no’ para la cuenta. Ya son cinco libros con disco y puestas en escena, queridos por miles de familias, maestros y bibliotecarios, en Colombia y fuera del país. Viajar a los rincones más recónditos, y saber que la palabra ha establecido fuertes vínculos afectivos con lectores a la distancia, me llena de felicidad y de compromiso, además de ratificar mis pensamientos. Y, aunque a veces quiero ‘tirar la toalla’, los niños tienen la bondad de mostrarme el camino de regreso a casa, en donde la palabra y las artes se unen para fortalecernos, protegernos y unirnos, sin importar de dónde venimos o para dónde vamos. Es en el quehacer de la creación para los más pequeños en donde he encontrado que es posible ser libre para escucharnos sin prejuicios o sin afán, a pesar del mar de incertidumbres por el que tengamos que navegar…

Foto tomada en la librería Mr. Fox

Foto de Kike Barona en el Teatro Mayor, celebrando los 10 años de colección, acompañados de la Orquesta Filarmónica Juvenil de Bogotá

Algunos interrogantes que este oficio me ha dejado por el camino, a la hora de mezclar música y literatura:

✭ ¿Cómo pasar de una simple historia a una grabación de un disco y una puesta en escena?

✭ ¿Sabían que la paleta de colores de cada libro es el hilo conductor de las luces y el vestuario en las puestas en escena, así que todos los equipos debemos trabajar al mismo tiempo de principio a fin?

✭ ¿Sabían que el diseñador gráfico no puede hacer su tarea sin estar escuchando el disco para poder sentir la tipografía que usará o el cambio de página indicado?

✭ ¿Sabían ustedes que el corte entre canción y narración ha sido nuestro ‘dolor de cabeza’ pues un silencio en el lugar equivocado puede irrumpir en el ritmo de la historia?

✭ ¿Sabían ustedes que lo último que hago es escribir los libros, cuando ya todos los demás elementos están creados?

✭ ¿Sabían que cuando los niños piden ‘otro cuento’ en un concierto, en vez de ‘otra canción’, siento que ya mi misión está cumplida?

 

 

María del Sol Peralta
Diciembre de 2019