La gallina Clóquiri Cloc

Clóquiri Cloc, se meneaba la gallina de aquí para allá. Buscaba lombrices, buscaba semillas, buscaba comida para sus tres pequeñitos. Y entre picoteos, un granito se encontró. Lo miró, lo estrujó, lo olió hasta descubrir que era una pequeña semilla de trigo.

—Este granito sembraré y una planta de trigo crecerá. Cuando sea el tiempo, el trigo moleré, amasaré y hornearé para a mis amigos té con pan ofrecer —pensó Clóquiri Cloc.

—¡Miren todos lo que encontré! —gritó emocionada la gallina—. Quien me ayude a cuidar este pequeño grano, estará invitado a tomar el té en casa, acompañado de un apetitoso y calentito pan.

Entonces, perro, pato, ratón y cerdo se alegraron. La boca se les hacía agua solo con la idea.

—Ya que todos estamos tan felices, dijo la gallina, quisiera saber quién me ayudará a sembrar el grano. Pero, de pronto, a perro, a pato, a ratón y a cerdo la sonrisa se les transformó en una mueca extraña. Cada uno dio un paso atrás y con respeto se disculparon:

—Es justo la hora de mi baño —dijo el perro.
—¡Ay!, a clase de natación no puedo faltar —dijo el pato.
—Debo ir al dentista —dijo el ratón.
—Es mi clase de pintura —dijo el cerdo.

—Entonces yo solita lo haré —dijo la gallina y, sin pensarlo, se puso a trabajar.

Día tras día, Clóquiri Cloc cuidaba de su planta con paciencia.

—¿Quién quiere ayudarme a regar la planta? —volvió a preguntar la gallina, pero una vez más, cada uno con decisión respondió:

—Tengo clase de canto —dijo el perro.
—Estaré en la peluquería —dijo el pato.
—Hora de meditar, lo siento —dijo el ratón.
—Tengo clase de ballet —dijo el cerdo.

—Entonces yo solita lo haré —dijo la gallina y, sin pensarlo, se puso a trabajar.

La mata creció y creció y creció, hasta que fue tiempo de cosechar.

—¿Quién quiere ayudarme a recoger el trigo? —dijo Clóquiri Cloc sin titubear. Cada uno contestó de inmediato:

—Justo a esa hora me haré el manicure -dijo el perro.
—Voy al cine con la señora pata —dijo el pato.
—Hora de hacer yoga —dijo el ratón.
—Tengo boletos para ir a la ópera —dijo el cerdo.

—Entonces yo solita lo haré —dijo la gallina y, sin pensarlo, se puso a trabajar.

Cuánto sudó y se despelucó la pobre Clóquiri Cloc en cada una de sus tareas. Ya no daba para más, así que, aún con una pizca de esperanza, suspiró pidiendo ayuda por última vez:

—Es hora de moler el trigo —dijo la gallina—, ¡así pronto tendremos la harina para nuestro exquisito pan!

Sin embargo, no hubo palabras para persuadir a sus cuatro amigos… La gallina no había terminado de hablar cuando, animal por animal, empezaron a bostezar y a roncar a una sola voz:

—Entonces yo solita lo haré —dijo la gallina y, sin pensarlo, se puso a trabajar.

Con la harina que molió, la gallina mezcló y amasó, amasó y mezcló, hasta que un suave pan al horno metió. A los pocos minutos, el olor se coló por entre las ventanas y por cada rincón del vecindario. Entonces, perro, pato, ratón y cerdo despertaron y corrieron a ver a la gallina cantando al unísono:

—Querida Clóquiri Cloc, ¿en qué te podemos ayudar?

La gallina miró a sus amigos. Con suavidad ajustó sus torcidas gafas, intentó peinarse un poco y se sacudió el delantal. Con cuidado tendió su mantel más bonito sobre la mesa, alistó un colorido florero y con un alegre cacareo, llamó a sus tres pequeñitos:

—Ya está servido —dijo la gallina.

Finalmente, los cuatro en familia se sentaron a comerse un buen trozo de pan, acompañado de un humeante té.

Perro, pato, ratón y cerdo con paciencia insistían en ser invitados a tan hermoso rato. Hasta que, por fin, ocurrió lo esperado, Clóquiri Cloc volvió a mirar a sus amigos y con dulce voz exclamó:

—Pensándolo bien, claro que me pueden ayudar —dijo, y se paró de la mesa para abrazar a sus polluelos—, ¿nos podrían tomar una foto, por favor?

—Una… ¡¿qué?! —dijeron los animales, y decepcionados se miraron unos a otros sin pronunciar una palabra más.

Así, tristes y arrepentidos, a sus casas fueron a dar, sin aparecer en la foto y ningún suculento pan probar.

Y se acabó este cuento de trigo y de viento.
Tal vez no sea cierto, pero igual se lo cuento…

 

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