Querer contar

La necesidad de contar

 

 

El cine, los álbumes de imágenes, los textos sin ilustraciones, el Facebook, el Twitter, las artes plásticas, la ópera, los musicales... Miles de expresiones que sólo dan respuesta a la misma necesidad de contar, transmitir y evocar; mi propia historia, historias que me han contado, historias inventadas. Ser parte de un mundo de opinión, para hacer valer mi voz y presencia. El mundo de la creación parte del impulso de tomarse, por un momento, la palabra y participar de manera activa. Así mismo, también se encarga de crear nuevas formas y caminos para suplir esta necesidad.

 

 

Desde el vientre materno le hablamos a los bebés. Les cantamos para tranquilizarlos, para hacerlos reír. Con palabras, juegos y cantos, organizamos su diario vivir y establecemos rutinas. Atendemos sus necesidades afectivas y vitales. Les contamos historias para que no tengan miedo, para que tomen una cucharada de sopa, para que se duerman. Con la voz y los gestos, transmitimos las primeras estructuras narrativas a los más pequeños, introducción nudo y desenlace, y establecemos una estrecha relación entre la literatura y la vida cotidiana: desayuno, almuerzo, comida - descanso; juego, cuidado y alimentación, entretejido con vivencias, esquemas y palabras organizadas, cíclicas y repetitivas.

El oficio de la creación mantiene el mismo esquema: el mundo interior y simbólico se construye, ordena y nutre a través de las experiencias individuales y colectivas, de la historia y cultura. Se interioriza lo percibido, sentido, pensado y vivido, hasta que las palabras, imágenes, sonidos y otras formas de expresión, necesitan salir de nuestro interior para ser compartidas, una vez más, con los otros.

De esta manera, un escritor busca las palabras adecuadas. Los guionistas retoman una buena historia o libro y lo transforman en una película. Un músico crea canciones, acompaña secuencias visuales, realiza musicales, e hila relatos contados a través del lenguaje sonoro. Un ilustrador transforma las palabras en imágenes con técnicas, paletas de colores, formatos y materiales distintos. Los cantantes o narradores interpretan las ideas de otros con su voz y estilo. Los editores, productores, diseñadores y directores, toman la batuta, y dirigen los equipos de trabajo para lograr un producto final. Se toman riesgos y parten de una especie de pacto de fe: todos irán de la mano del hilo conductor que, sin duda, será una buena historia que cautive sin importar el medio.

 

Por dónde empezar

Pero, ¿dónde encontrar buenas historias para iniciar el proceso de la creación? Lo más común es apropiarse de los caminos ya trazados, vividos, recuperando las raíces, infancia, tradiciones y costumbres. Se parte de las experiencias personales que, a su vez, se alimentan de las voces y obras de los otros. Tener los cinco sentidos abiertos y dispuestos a ser filtrados por nosotros mismos, por nuestra opinión y mirada. Encontrar un camino comunicativo y echarlo a andar, con el fin de asegurar obras creativas, de calidad, con la huella y estilo personal. Esto es lo que han hecho grandes escritores que combinan la narración oral, e incluso la ilustración, para llevar sus obras a otras formas de expresión a teatros, auditorios, salas de cine, la radio, entre muchos otros.

 

 

Cuatro ejemplos ejemplares

Vemos casos como el de la poetisa, compositora, cantante, guionista, guitarrista, escritora, entre muchos otros oficios o dotes, María Elena Walsh. Con su poesía, voz y guitarra, la excepcional artista encontró en cada escalón de su carrera, fuentes que la inspiraron para llevar sus palabras cantadas y escritas a otros medios como el teatro, a auditorios, discos, libros y shows televisivos. Su punto de partida preferente: la tradición oral; tanto la inglesa transmitida por su padre, como la española proveniente de sus raíces maternas. En cada composición, escrito, puesta en escena o guion, se descubren sus viajes por el mundo, sus lecturas personales, sus ideologías políticas y críticas. Es decir, su vida.

Al estar el cine sonoro apenas apareciendo durante la infancia y juventud de la Walsh, artistas como Bing Crosby, Nelson Eddy y Shirley Temple, actores, bailarines y cantantes de los musicales norteamericanos, fueron sus primeros ídolos: Y se me iban los ojos tras de la farándula. Artistas que estudió y tomó como modelos para realizar sus propias obras e interpretaciones:

 

(Fragmento de la película Juguemos en el mundo, de María Herminia Avellaneda, año 1971.)

María Elena Walsh se convierte entonces en una de las más representativas artistas que integran el lenguaje oral, escrito, teatral y televisivo, dirigido al público infantil, como una sola propuesta, unificando la palabra literaria en diversos formatos y expresiones artísticas. Utiliza sencillas y juguetonas palabras, encontrando una fonética destacable, explotando el recurso de las jitanjáforas, pintando imágenes contundentes y coloridas con instrumentaciones, voces y sonidos específicos. Manipulando a su antojo el lenguaje y sonoridad, logra una especie de álbum de imágenes al estilo de Anthony Browne o Maurice Sendak, en donde la intención sonora y la música reemplazan a las ilustraciones.

Con otro estilo y camino creativo, encontramos el caso del gran escritor británico, Roald Dahl, quien refleja su dura vida e historia en sus creaciones. Pasa de relatos cortos a crónicas periodísticas, novelas y cuentos para niños, jóvenes y adultos. Participa como guionista en producciones best sellers como la serie de películas de James Bond. Sus obras literarias, así como las de María Elena Walsh, tienen un humor desenfadado en donde se narran historias irreverentes y absurdas, a la vez que se hace una fuerte crítica a los padres de familia, a los comportamientos y reglas sociales, y a los establecimientos educativos y maestros.

La profundidad de sus personajes, su lenguaje y estilo narrativo, capturan a miles de lectores de todas las edades. A su vez, mantienen un ritmo ideal para transformar las palabras en acciones y secuencias como sucede en los exitosos guiones de películas como Las Brujas, Matilda, Charlie y la fábrica de chocolates, entre otras. Súper producciones que combinan imágenes, puestas en escena, música, coreografías, grandes actores que interpretan los guiones..., partiendo de un mismo hilo narrativo.

Por otro lado, también encontramos la obra ejemplar del caricaturista, escultor, autor e ilustrador William Steig. Con el Doctor De Sotoo Pedro es una pizzase combinan imágenes y textos de una manera espléndida, incorporando elementos de humor, suspenso y ‘hasta miedo’, para los más pequeños:

 

Con su hoy en día reconocido Shrek, Steig pasa de narraciones a viva voz de sus textos, de la manera más tradicional, a la pantalla grande. A veces, los que más disfrutan estas películas, son los mismos adultos pues la burla que se hace a las malas interpretaciones (en especial de Disney) de los personajes provenientes de los cuentos tradicionales, es la fuente de inspiración de todo.

Maurice Sendak, nuestro último ejemplo, al lado de María Elena Walsh, es tal vez uno de los máximos exponentes de cómo la literatura infantil es apenas un abrebocas para explorar, explotar y desarrollar otro lenguajes expresivos. En algunas de sus obras encontramos acompañamientos y fondos de Mozart con un simple narrador. Luego, encontramos temas como los del  Nutshell Library, donde ya reconocidas artistas como Carole King interpretan a su manera y estilo unas imágenes y cortos textos:

 

Las imágenes cobran entonces vida y se acompañan de movimientos, formatos y medios que les son fieles a la estructura narrativa primaria. Las puertas de la creación se abren y se multiplican, haciendo que una sola historia se convierta en el mundo entero, tal como sucede con la habitación de Max.

 

Los niños crecen y los medios se multiplican

 

Actualmente se chatea, se lee y se produce por medios virtuales y/o digitales. Antes solo existía la voz, el cuerpo y algunas herramientas básicas para crear imágenes. El hombre aun tenía un largo camino por recorrer para adentrarse en el mundo simbólico del ‘como sí’ de manera tan compleja. Hoy en día, no existen límites. Y todo nace de la misma necesidad, así como era en un principio: contar, contar y contar. Una buena historia es una buena excusa para expresarse y participar en un mundo vertiginoso en donde todos queremos dejar nuestra huella personal.

Bibliografía

Ong, WalterJ.Oralidad y escritura, tecnologías de la palabra. México, Editorial Fondo de Cultura Económica, 1994.

Bonnafé, Marie. Los libros, eso es bueno para los bebés. México, Editorial Océano, 2008.

Revista virtual Cuatrogatos - Blog ¡Miau!

http://cuatrogatos- miau.blogspot.com/2010/01/httpwwwcuatrogatosorg.html: Homenaje a la escritora María Elena Walsh, Enero de 2010. Artículos: Un té con Mari Elena de Sergio Andricaín (Cuba); Trangresión y poética del absurdo en María Elena Walsh de Antonio Orlando Rodríguez (Cuba).